LAS FANTASIAS SEXUALES: Si es un juego, no hay problema

Las fantasias sexuales
Cuero, cuerdas, esposas, tacones, antifaz...
Si es un juego, no hay problema
¿Quién no recuerda aquella obsesión del conde Laszlo de Almasy (El paciente inglés) por el cuello de sus amantes?
Cómo lo acariciaba y lo miraba... Desde luego una imagen muy distinta a la de Peter Coyote saltando en la cama con una careta de cerdo y correas de cuero en la película Lunas de hiel, de Roman Polanski. La diferencia entre ambas situaciones es que Almasy idolatraba esa parte del cuerpo de su amante y, aunque se excitaba al tocarla, no la necesitaba para alcanzar el orgasmo. Sin embargo, el personaje de Óscar (Peter Coyote) reducía todo su placer al objeto inanimado y sin su kit sadomasoquista le era imposible alcanzar el clímax.
Ahí es donde radica el problema y lo que marca la diferencia entre una pareja con una situación problemática de otra que sólo está haciendo realidad alguna fantasía o simplemente jugando.
Para Amparo Iznájar, psicóloga sexóloga del Instituto Espill, “el límite lo encontramos cuando una persona necesita de dicho objeto para su excitación y su ausencia le provoca tal malestar que puede derivar en disfunciones sexuales”.
Es cierto que en casos extremos se llega a preferir ese utensilio a la persona en cuestión; pero sin llegar a entrar en el terreno de las anomalías, saberle sacar el máximo partido a un objeto puede resultar de lo más placentero sin que por ello tengamos que avergonzarnos. No hay que olvidar que “cuando hablamos de salud sexual, el límite está en la propia felicidad y en las posibilidades de realización personal de cada uno”, como bien dicen Ana Belén Carmona y María Victoria Ramírez de la asociación Lasexologia.com
Textos: Verónica Palomo (asesorada por Amparo Iznájar, psicóloga del Instituto Espill)
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